Pues si, amigos blogeros, los naturópatas también tenemos patrona. El día de la celebración se acerca (el 17 de Septiembre) y nos parece justo mencionar algo de su vida y de su obra para demostrar cómo la Naturopatía se ha practicado desde siempre...no era cosa de brujos.


Hildegard de Bingen nació en Bermersheim (Alemania) en el valle del Rin, el año 1098, en el seno de una familia noble alemana. Fue la menor de los diez hijos de Hildebert de Bermersheim y Mechtild. Por ser la décima fue considerada como el diezmo para Dios, según la mentalidad medieval, siendo entregada a los catorce años al monasterio de Disibodenberg. (Véase Wikipedia).

Este monasterio era masculino, pero acogió un pequeño grupo de reclusas en una celda anexa bajo la dirección de Jutta de Sponheim. La ceremonia de clausura solemne fue celebrada el 1 de noviembre de 1112, participando también Hildegard junto a Jutta y otra reclusa. En 1115 la celda se transforma en un pequeño monasterio para poder albergar el creciente número de vocaciones. En ese mismo año emitió la profesión religiosa Hildegard en manos del obispo Otto de Bamberg. Hildegard recibió durante estos primeros años una educación monástica rudimentaria dirigida por Jutta. Consistió en los rudimentos de la lengua latina, para poder seguir la liturgia; lectura de la Sagrada Escritura, memorizando los Salmos, que se recitaban diariamente; y el canto gregoriano.

Desde muy niña, Hildegard tuvo visiones, que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios. Estos episodios los vivía conscientemente, es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis. Ella los describió como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.

En 1136, Jutta murió y Hildegard, a pesar de ser joven, fue elegida por las monjas como abadesa. En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, le sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden de escribir las visiones que en adelante tuviese. A partir de ahí Hildegard escribe sus experiencias, que darán como resultado el primer libro llamado Scivias (Conoce los caminos), que quedará concluido en 1151. Para tal fin tomó como secretario y amanuense al monje Volmar, y como colaboradora a Ricardis de Stade.

En 1148, un comité de teólogos a petición del Papa Eugenio III estudia y aprueba parte de Scivias. El mismo Papa leería públicamente algunos textos durante el sínodo de Trier. Tras la aprobación envió una carta a Hildegard pidiéndole que continuase escribiendo sus visiones. Con ello da comienzo no solo la actividad literaria aprobada canónicamente, sino la relación epistolar con múltiples personalidades de la época (tanto políticas como eclesiásticas) que pedían sus consejos y orientaciones. Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la Sibila del Rin. La gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que los guiara.

En ese mismo año, una visión le hace concebir a Hildegard la fundación de un nuevo monasterio en Rupertsberg, al que trasladarse la crecida comunidad emancipándose de los monjes de Disibodenberg. La comunidad se trasladó en 1150.

Concluído el Scivias, Hildegard se dedica en su nuevo monasterio a la elaboración de los libros de contenidos físicos y médicos hasta 1158 y a ultimar la colección de cantos que tituló Symphonia armonie celestium revelationum.

En 1165 funda un segundo monasterio en Eibingen, que visitaba regularmente dos veces a la semana.

Escribió obras de caracter científico: Liber Simplicis Medicinae o Physica, sobre las propiedades curativas de plantas y animales; y Liber Compositae Medicinae o Causae et curae, sobre el origen de las enfermedades y su tratamiento desde el punto de vista teórico. Otra de sus obras destacable es Lingua ignota, primera lengua artificial de la historia, por la que fue nombrada patrona de los esperantistas.

Añadir que aún no se ha podido descifrar en su totalidad.

Hildegard compuso setenta y ocho obras musicales agrupadas en Symphonia armonie celestium revelationum: 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías (con el significado propio del siglo XII), 1 aleluya, 1 kyrie, 1 pieza libre y 1 oratorio (fascinante, pues el oratorio se inventó en el siglo XVII). Además compuso un auto sacramental musicalizado llamado Ordo Virtutum, sobre las virtudes.

Murió Hildegard el 17 de septiembre de 1179 a los 81 años de edad. Cuentan las crónicas que a la hora de la muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaban una cruz en el cielo. Entre 1180-1190 el monje Theoderich de Echternach escribe la Vita de Hildegard recogiendo pasajes autobiográficos. Gregorio IX abrió el proceso de canonización en 1227, aunque no se concluyó. Fue reabierto por Inocencio IV en 1244 sin que llegase a concluirse tampoco. Sin embargo, hubo una canonización práctica al inscribirla en el Martirologio romano. Se celebró su fiesta litúrgica, y se la representó como santa en pinturas y esculturas. En 1940 se aprobó oficialmente su celebración. Con motivo del 800 aniversario de su muerte, Juan Pablo II se refirió a ella como profetisa y santa.Hay propuestas para nombrarla Doctora de la Iglesia.

En esencia, Sta. Hildegarda, quiso transmitir un mensaje: "Regular la vida en base a las leyes de la naturaleza que en última instancia son el reflejo de las leyes divinas, quien vive de acuerdo a las leyes de la naturaleza está viviendo de acuerdo a las leyes divinas".

Os pasamos una pequeña exposición con el Himno de la Naturopatía de fondo.

Saludos